MESA REDONDA 1997

 

LA HISTORIA DETRAS DE EL PILAR

Por Anabel Ford

Versión en español por Carol Miller y José Antonio Montes

HISTORIA CULTURAL DE LOS MAYAS EN LAS TIERRAS BAJAS

Los mayas no desaparecieron repentinamente de las tierras bajas, aunque así lo plantean autores y guionistas, de dramas que nunca acontecieron. Hoy en día viven por lo menos de tres a cuatro millones de descendientes de los mayas que se comunican todavía mediante idiomas que se derivan de su fuente original.

Estas poblaciones habitan, de hecho, los mismos territorios donde una vez cultivaron y gobernaron sus antepasados: el sur y sureste de México, toda Guatemala y Belice, partes de Honduras y El Salvador. Su persistente enigma no consiste, por lo tanto, en donde radicaron sino en el hecho de haber abandonado su próspero y ameno entorno y un nivel envidiable de cultura y desarrollo.

Los mayas, al igual que los demás habitantes del continente americano, aparentemente emigraron vía el estrecho de Bering cuando Siberia y Alaska formaban un puente terrestre. La ocupación inicial de lo que suele designarse como el Nuevo Mundo forma parte de una historia continua de poblaciones en aumento. Cuando finalmente llegó abrirse la masa gélida, algunos de los pueblos asiáticos en constante búsqueda de sostén y recursos, intentaron su suerte hacia el norte de América. En un par de milenios estos intrépidos pobladores se habían extendido hacia Centro y Sudamérica.

En Mesoamérica - un término cultural más que geográfico - y que es un área que abarca desde el norte de México hasta partes de Honduras y El Salvador &emdash; estos nómadas que vivían de sus hallazgos y recolecciones, se habían esparcido sobre las zonas más elevadas, hasta que por el año 4000 a.C. habían alcanzado tal población que se vieron forzados a cultivar la tierra. Con eso comenzó el proceso de domesticación de plantas, para poder incrementar sus fuentes alimenticias. En ese entonces, las tierras mayas, sobre todo en las áreas bajas, contaban con escasa población.

Los asentamientos mayas por definición aparecieron en las zonas tropicales. La arqueología interpreta estos colonos en términos de comunidades agrícolas, con una presencia apenas perceptible, desde 2000 a.C. hasta por el año 1000 a.C. Sus inicios sencillos se proyectaron en una sociedad sofisticada, tan productiva como ambiciosa, que alcanzó su cima durante la segunda mitad del primer milenio, entre los años 250-900 d.C. Ya para el siglo X, sin embargo, los grandes centros urbanos de las tierras bajas habían sido abandonados.

La arqueología divide la secuencia cultural de los mayas de las tierras bajas en períodos que buscan reflejar el carácter de su desarrollo. Independientemente de los pueblos nómadas de los tiempos arcaicos, se considera el inicio de los mayas en el preclásico, con el comienzo de la agricultura. Su civilización floreció durante el clásico, cuando fueron construidos la mayoría de los templos y palacios. Este fenómeno se estancó durante el postclásico que se señala a partir del colapso.

CRONOLOGIA DEL MAYA ANTIGUO

Arcaico

Antes del 2000 a.C.

Recolectores

Preclasicico temprano

Preclásico medio

Preclásico tardío

2000 a. C. - 1000 a.C.

1000 a.C. - 300 a.C.

300 a.C.- 250 a.C.

Comienzos de la agricultura

Expansión sobre tierras bajas

Apogeo urbano en el norte de Belice

Clásico temprano

Clásico terminal

Clásico terminal

250 d.C. - 600 d.C.

900 d.C. - 1000 d.C.

900 d.C. - 1000 d.C.

 

Giro en el poder hacia interior

Culminación de la civilización Maya

Colapso del maya clásico

 

Postclásico temprano

Postclásico tardío

1000 d.C. - 1250 d.C.

1250 d.C. - 1521 d.C.

Reubicación de la población

Rivalidad entre centros urbanos

Presencia española

después del 1521 d.C.

Enfermedades y despoblación


EL PRECLASICO ( 2000 a.C. - 250 d.C.)

El Preclásico, también conocido en casi toda Mesoamérica como el Periodo Formativo, se divide en tres etapas: temprana, media y tardía. Los mayas originales llegaron a la zona que hoy ocupa Belice como campesinos antes del 2000 a.C., más no aparecerían en los anales arqueológicos hasta después de un milenio.

En el período Preclásico Temprano se inicia la agricultura. El primer registro de un proceso de corte y quema para el cultivo de maíz, data desde antes de los 2000 a.C. según la evidencia descubierta en El Petén en Guatemala. Residuos extraídos de los sedimentos lacustres atestiguan los principios de la alteración del entorno ecológico, verificando así la ocurrencia de quemas sistemáticas, tal vez anuales, como indicativo de la intromisión humana. Sitios arqueológicos correspondientes a la época, sin embargo, no aparecen. La cerámica y la arquitectura domésticas que se asocian con esta fase, ahora calculada entre los 2000-1000 A.C. como los hallazgos en zonas como Cuello, en el norte de Belice, sugieren esta posibilidad.

Se supone que en ese período la dieta estaba basada en la domesticación del maíz, frutas y nueces, cacao y una selección de varios tubérculos, mientras que domina todavía una dependencia en la abundancia tanto de la tierra como del mar. La cacería, la pesca y la recolecta se consideran importantes para los primeros mayas, cuyos patrones de comportamiento persistirían durante toda su historia. La organización social, del mismo modo, era sencilla, de hecho a nivel de subsistencia en torno al núcleo familiar.

El Preclásico Medio, por su parte, data desde el intervalo entre los 1000 a.C. y los 300 a.C., con gran número de asentamientos, reconocibles arqueológicamente en casi toda la zona maya. Durante este periodo los mayas emigraron desde la costa hacia las zonas fluviales en el interior. Una cierta distancia separaba las viviendas, las comunidades aún conservaban una escala menor y para efectos prácticos, todavía no existía una arquitectura pública.

Las comunidades más significativas en el Preclásico Medio se hallaban en la periferia de aquella zona que aguardó hasta las etapas finales para su ocupación. Fue sin embargo este núcleo interior, lejos de la costa, el más sobresaliente durante el Periodo Clásico.

Coincidente con el incremento en la población y la ampliación de sus asentamientos aparece una arquitectura pública, especialmente en el norte de Belice en sitios tales como Cuello, Cerros, Nohmul y Lamanai. Según la evidencia, este fenómeno se extendía hasta el área del valle del Río Belice. Plataformas, de tendencia masiva, comienzan a aparecer en sitios como Cahal Pech y Pacbitún. Es más: se han identificado, ya en fechas recientes, algunas construcciones que datan desde el Preclásico Medio, dentro los túneles en las excavaciones de El Pilar; y con eso podemos suponer el comienzo de un centro importante en esta zona.

A partir del 300 a.C. hasta más o menos el 250 d.C., la población maya en las tierras bajas seguía su tendencia expansionista. El resultado se expresaba en mayores disputas en cuanto a las tierras agrícolas disponibles y con eso, había competencia tanto dentro de las comunidades como entre asentamientos. Por consiguiente, fue desarrollándose una estrategia intensiva en el suministro de los alimentos.

Los dirigentes mayas concibieron cada vez más elaboradas tecnologías para poder organizar y alimentar a sus crecientes poblaciones. El establecimiento de sistemas de administración pública basados en el ejercicio del poder por autoridades reales fueron determinantes en la evolución de las sociedades mayas de las tierras bajas.

Durante el Preclásico Tardío se aumenta la actividad civilizadora. Las ciudades en el norte de Belice --Nohmul, Lamanai, Cerros-- habían alcanzado para estas fechas su apogeo, en tanto que la ocupación en el interior, por el área de Tikal, apenas comenzaba. Aún así los mayas de las tierras bajas habían emprendido un gran número de enormes proyectos al apoyarse en un tejido de comunidades en coalición como base de poder. El Pilar, por ejemplo, ubicado a sólo cincuenta kilómetros de Tikal, para ese tiempo ya se había fundado. Diversos edificios mayores que datan del periodo se hallan repartidos entre los palacios y plazas del sitio.

EL CLASICO (250 d.C. -1000 d.C.)

Se define el Periodo Clásico por la aparición de los monumentos llamados estelas, con documentación cronológica. Es inusual, por ejemplo, encontrar una estela que se refiere a fechas anteriores al 250 d.C. El uso generalizado de las estelas ocurrió hacia finales del siglo III después de Cristo. Las estelas generalmente aparecen conjuntamente con altares y hacen referencia a la historia religiosa, social y política de los mayas. Se emplea también la Cuenta Larga, sistema de calendario basado en múltiplos de un año de 360 días. El punto de partida equivale al año 3114 antes de la era cristiana.

Los siete siglos del Periodo Clásico fueron caracterizados por un desarrollo cultural de gran alcance, alimentado por el incremento paulatino en la población. Los núcleos de ruinas masivas son evidencia hoy en día de los monumentos levantados en ese tiempo: grandes edificios con singulares bóvedas de piedra, gigantescos complejos urbanizados con sus pirámides y plazas grandiosas.

El Clásico, por lo general, se divide entre temprano y tardío, ambos separados por un vacío. Durante ese vacío se nota el decrecimiento en el número y volumen de la construcción de templos y monumentos. En el levantamiento de las estelas, en especial en Tikal hay un alto total. Estudios recientes sostienen que el fenómeno se relaciona especialmente con el interior de las tierras bajas centrales, un hecho quizá apoyando en la preocupación de Tikal por una serie de destructivas aventuras militares, tanto ofensivas como defensivas, seguramente basadas en las cambiantes alianzas entre los centros regionales importantes . Algunos ejemplos incluyen a Calakmul, Naranjo y Caracol. En última instancia los problemas implícitos en ese período fueron solventados, dejando lugar a un vigoroso incremento en el proceso civilizador.

Los grandes centros de la región experimentaron un crecimiento importante durante el Clásico Tardío, en especial en El Pilar. El salto que dio tuvo que estar arraigado en el equilibro entre el manejo sostenible de los recursos naturales entre la población y su entorno. Este equilibrio funcionó durante quince siglos. A su vez logró reforzar el desarrollo de la civilización maya como tal sobre una extensión que abarca los 40,000 kilómetros cuadrados de territorio y que en total duró más de quince siglos.

Con el tiempo la fórmula se modificó y la relación población/entorno fue evolucionando. Una cultura en expansión requería de más áreas de cultivo. El intercambio entre poblaciones y medio ambiente cambió, con consecuencias desastrosas.

Hacia finales de Periodo Clásico la intrincada civilización maya manifestó marcados cambios. Aumentaron los conflictos, quizá a causa de las rivalidades ante los cada vez más escasos recursos. En última instancia, se redujo drásticamente el número de habitantes en la zona. Los efectos del fenómeno repercutieron en el mantenimiento de los centros ceremoniales y urbanos. Ya no continuaba el auge en la construcción.

Los asentamientos habitacionales, en cambio, no se vieron tan repentinamente abandonados. Fueron desmoronándose primero las estructuras de mando, en los centros clásicos de las tierras bajas centrales. Tikal quedó abandonada ya para el siglo IX. La ocupación, no obstante, fue prolongándose dentro de muchos de los centros en el este, hasta casi finales del Clásico Terminal según datos recaudados en El Pilar. En los entornos de El Pilar, incluso, la ocupación humana alcanzó el Postclásico.

EL POSTCLASICO (1000 d.C.-1521 d.C.)

El final del Período Clásico Terminal se vé como el golpe de gracia a la civilización maya. El Postclásico, pese a su arte innovador y vital, se describe tradicionalmente como decadente y militarista; se le considera una fase degenerativa en la larga y fecunda historia de los mayas.

Una óptica más ilustrada confirma, sin embargo, el militarismo como una manifestación secular que restaba solemnidad a los ritos ceremoniales y al poder del sacerdocio, el cual había dominado durante el Clásico. En todo caso, la interpretación del Postclásico, incluso hoy en día, se debe a versiones etnohistóricas tendenciosas, desarrolladas a partir de la llegada de los españoles.

El centro de poder se trasladó desde las tierras bajas hasta el norte de la península de Yucatán. Aunque las tierras bajas centrales quedaron visiblemente despobladas, a partir del Clásico, todavía permanecieron algunos pobladores en la zona, incluso después de la Conquista. Lamanai, en el norte de Belice, destaca como ejemplo de una ocupación continua desde el Clásico hasta el Postclásico. Sus habitantes no solo levantaron una construcción tardía sino que también mantuvieron su comercio con las otras comunidades. De hecho, vivieron en el sitio hasta alrededor de año 1675.

Los misioneros españoles llegaron a fundar una iglesia en Lamanai en 1570, luego otra en Tipú/Negroman, no muy lejos de El Pilar en la parte superior del valle del Río Belice. Aunque abandonadas ambas durante una sublevación maya en la década de los 1630, fue hasta 1696 que los españoles lograron apaciguar las últimas de las ciudades - estados mayas independientes, cuando finalmente derrocaron a los Itzáes en Tayasal, ahora Flores en El Petén. Con ellos quedaron subyugados los descendientes restantes de los mayas antiguos.

No obstante, en las tierras bajas centrales hoy en día-- la mayor parte de Belice a más de El Petén de Guatemala -- todavía habitan comunidades que trazan su ascendencia hasta los mayas del Preclásico. Comunes aún son los patronímicos como Bacab, Balam, Canchan, Cocom, Hobb, Mai, Panti, Pech, Pott, Shish, Teck y Tzul, para citar unos cuantos.

TIERRAS BAJAS MAYAS CON EL PILAR Y OTROS CENTROS MAYORES INDICADOS


ANTECEDENTES DE LA INVESTIGACION DE EL PILAR

A partir de un informe entusiasta, presentado en 1982 por Jaime Awe --en su tiempo director del Departamento de Arqueología de Belice -- a la doctora Anabel Ford de la Universidad de California/Santa Barbara le fue otorgado un permiso para poder iniciar el proyecto conocido como Investigación de los Asentamientos Arqueológicos en el Area de Río Belice (Belize River Archaeological Settlement Survey/BRASS).

Pese a su importancia, la zona había recibido poca atención hasta que el Proyecto BRASS abogara a favor de un estudio a fondo de toda la gran gama de la sociedad maya, tanto lo espectacular y mágico monumental como lo mundano. Con eso se propuso examinar no solo la construcción sino también el medio ambiente - los recursos culturales y naturales - del área. Pero para eso se requería de una investigación ambiental y geográfica, como base para el estudio de los asentamientos arqueológicos.

El proyecto, BRASS, por lo tanto, se dedicó a reunir datos relacionados con el hábitat del maya antiguo, a más de una interpretación de sus errores y aciertos en una supervivencia evidentemente exitosa, que se prolongó durante varios siglos. Como resultado, se pudo precisar la distribución de las viviendas, la densidad de las comunidades, su relación con el entorno natural, sus abastecimientos promedios y el excedente para fines comerciales.

Durante las temporadas de campo iniciales se optó por medir todos los restos culturales identificables, dentro de tres secciones transversales , cada una de 250 metros de ancho. Una de las secciones llegó a tener diez kilómetros de largo, en tanto que las otras dos representaban unos cinco kilómetros cada una. El estudio pretendía abarcar el mayor número posible de las áreas naturales desde el valle al lado del río a sesenta metros de altura hasta las tierras en la serranía, con una altura máxima de 300-400 metros.

Así se logró evaluar los varios tamaños de los asentamientos: viviendas individuales y complejos domésticos de amplio formato, destinados a una élite, dentro del gran centro cívico y ceremonial de El Pilar. Excavaciones de prueba fueron efectuadas dentro de las zonas identificables, para así definir la riqueza relativa de sus recursos naturales, primero en el valle, luego en las faldas de las colinas y finalmente en la serranía.

Se descubrió que las viviendas esparcidas indistintamente por el área correspondían a las tierras de poco rendimiento, en zonas quebradas o pantanosas. Asentamientos de mayor densidad - grupos de viviendas humildes intercaladas entre grupos élites con sus patios - ocurrían en la serranía, con sus tierras no solo fértiles sino con buen drenaje, en su mayoría en la periferia de El Pilar.

RECONOCIMIENTO ARQUEOLOGICO DE PATRONES DE ASENTAMIENTO EN LA CUENCA DEL RIO BELICE, INDICANDO LOS SECCIONES TRABAJADOS

Con eso no era difícil aislar las viviendas que se habían dedicado a actividades más especializadas, a cambio de las labores estrictamente domésticas. En zonas más pobres se pudo identificar la fabricación de utensilios de pedernal para el hogar. Una comunidad singular fue ubicada a 4.5 kilómetros al sur de El Pilar, en donde la gente se dedicaba a la menos común labor de la producción de implementos de obsidiana. BRASS bautizó el lugar con el nombre de "Latón." Aparecieron como materia prima 39 núcleos prismáticos, ya descartados, que habían servido para la manufactura de cuchillos y raspadores. También fueron descubiertos abundantes desechos de la fábrica, equivalente a 1.7 millones de fragmentos por metro cúbico. Análisis químicos revelaron que la obsidiana, de excelente calidad, había llegado de Chayal e Ixtepeque en las tierras volcánicas de Guatemala, a una distancia en línea recta de 300 kilómetros.

Durante la investigación se logró establecer que las comunidades en el fértil valle del río Belice consistían en viviendas de tamaño moderado, a una distancia generosa la una de la otra. Su contenido abarcaba todo lo que requería un núcleo doméstico dentro de su contexto, a más de algunos lujos. La distribución uniforme, recursos domésticos considerables y la buena dotación de tierras de cultivo en esta zona llaman la atención, porque indican privilegios conferidos por la clase gobernante. Seguramente esto se debe a la producción de lo que hoy en día se denominan productos básicos. De hecho, existe evidencia que durante las primeras exploraciones españolas en lo que hoy es Belice, estos se encontraron con que las poblaciones del área del río Belice producían cacao.

UN EJEMPLO DE UNA CASA DE VALLE

Como en comunidades ancestrales en toda Mesoamérica, los mayas probablemente empleaban el cacao como moneda a fin de agilizar el intercambio. Los árboles, sin embargo, requerían de un cuidado especial de modo que es de suponerse la existencia de una colectividad de algún tipo para la protección y rendimiento del producto de éstos y diferenciarlos de entre otras cosechas como algodón y tabaco, en efecto lujos, cuyo acceso fue permitido por las autoridades a los campesinos en el valle como garantía de su fidelidad.

CACAO, LA MONEDA QUE SE PRODUCE EN UN ARBOL

No todos, desde luego, eran tan afortunados. Algunas de las comunidades mayas habitaban las zonas marginales, ubicadas en las faldas de las colinas que rodeaban el valle. Estas comunidades complementaban sus precarias labores de campo con la manufactura y comercio independiente de implementos de piedra, artículos de cerámica y cestas, entre otros.

ASTILLANDO EL PEDERNAL AL PIE DE LA MONTANA

Las tierras fértiles próximas a El Pilar de hecho mantenían a la mayoría de las comunidades, de manera que se consideraba esta zona como el proveedor principal de la región. Alrededor de un 85% de los asentamientos fueron concentrados en la serranía, que por su parte constituía apenas un 35% del territorio. Fue allí, en la serranía en donde fue descubierta la mayor diversidad de productos y de oficios, además de la mayor variedad en cuanto a hábitos y condiciones de vida.

A El Pilar le correspondía lidiar con sus contrapartes en los otros centros urbanos en la periferia. Las relaciones tendían a girar en torno al comercio de los bienes no originarios a la zona -- obsidiana de las tierras altas de Guatemala, jadeita de rico color verde del valle del río Motagua.

La región, en general, consistía tanto en zonas rurales donde los humildes laboraban para mantener a la sociedad, como de áreas cívicas, que por su parte contaban con una próspera clase intelectual y gobernante. En tanto que los asentamientos del valle y de las faldas de las colinas fueron administrados desde una cierta distancia, las comunidades en la serranía, como por ejemplo en Latón, caían bajo el escrutinio directo de la jerarquía administrativa en el cercano El Pilar.

Resulta que todas las áreas en donde incidían tierras buenas tenían la misma densidad de asentamientos: dos viviendas por hectárea. Entre más amplia la extensión de las tierras fértiles, más grande la comunidad. Y la comunidad más grande de la zona, ya comprobado, era El Pilar.

PANORAMA DEL SITIO DE EL PILAR

El Pilar se ubica al oeste de Belice, a doce kilómetros al norte de la ciudad de San Ignacio, también norte del valle del río Belice y a una altura promedio de 260 metros sobre el nivel del mar. Su arquitectura se oculta entre los bosques de la serranía. Se encuentra situada entre Belice y Guatemala, tradicional zona de habitación maya desde el inicio de su historia.

El sitio se conoce como El Pilar probablemente por los abundantes manantiales en el área, designados por los españoles como "pilas." Dos riachuelos se originan allí. Uno, que fluye hacia el oeste, se llama El Manantial. A 2.3 kilómetros hacia el este se encuentra un salto de agua, conocido como El Chorro. Por allí pasa el segundo riachuelo, llamado El Pilar. Sorprende la abundancia de agua en esta región. Incluso la gran metrópoli de Tikal carecía del líquido vital, salvo por sus embalses llamados aguadas.

Joseph Palacio y el difunto Harriot Topsey, ambos del Departamento de Arqueología de Belice, primero notaron la presencia de un sitio importante en la zona durante la década de los 70. Aún así, no se imaginaban ni su extensión ni el papel que jugaba en ese mosaico cultural de los mayas en las tierras bajas centrales.

Jaime Awe, posteriormente encargado de la arqueología en Belice, registró el sitio en sus planos en forma de triángulo. Era evidente la necesidad de un estudio más preciso. En 1983 invitó a Anabel Ford a recorrer el sitio. El Proyecto BRASS realizó un estudio más exacto de la arquitectura principal para su temporada de 1984. En 1986 se hicieron levantamientos y comenzaron las excavaciones tentativas, con algo de labor de rescate. La primera investigación en gran escala fue iniciada en 1993, como resultado del apoyo de Daniel Silva, en aquel entonces representante gubernamental del distrito de Cayo.

El Pilar cuenta con más de veinticinco plazas, ya identificadas, dentro de un límite ahora estimado en cuarenta hectáreas. Se le considera entre los sitios principales del área central de las tierras bajas mayas, el más grande en el rea del río Belice y más de tres veces el tamaño de otros centros urbanos en la zona, entre ellos Baking Pot y Xunantunich.

El sitio se reparte en tres sectores esenciales: Xaman Pilar en el norte del área arqueológica, Nohol Pilar en el sur y Pilar Poniente . Entre los sectores este y oeste se ha determinado la existencia de un sistema de calzadas, que une dos grandes plazas públicas. Con ello se confirmó un sistema de calzadas entre El Pilar Poniente lado de Guatemala, Nohol Pilar y se pensó en la posibilidad de establecer un parque contiguo Belice - Guatemala que vincule ambas partes del sitio arqueológico.

Empleando una piedra caliza de grano fino extraída de canteras en la región, los mayas crearon un conjunto de excepcional belleza en El Pilar, todavía con un admirable grado de conservación, que ostenta cuartos con su mampostería estucada, amplias bóvedas, escalinatas de formidable grandeza. Excavaciones que proceden a partir de los estudios incipientes, han revelado todavía mas construcción de gran formato, comenzada desde el Preclásico Medio.

La arquitectura fue remodelada en varias ocasiones, hasta darse por terminada la ciudad en el Postclásico Temprano. Esta secuencia constructiva abarca fácilmente quince siglos y deja constancia de un desarrollo minucioso y prolongado en toda la jurisdicción de El Pilar.

CLARK WERNECKE Y ANABEL FORD EN EL PILAR


PLANIFICACION DE LA RESERVA ARQUEOLOGICA EL PILAR
INDICE